LAS BALSAS NUNCA VAN DE MIAMI A CUBA

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El páraiso Socialista

O por qué nadie cruza muros ni selvas para llegar al paraíso socialista


Queridos y geográficamente curiosos lectores de La Neta:

Hoy quiero proponerles un ejercicio mental muy sencillo. No requiere título universitario ni haber leído a ningún filósofo alemán barbón. Solo requiere tener ojos y un poquito de sentido común. El ejercicio es el siguiente: observen hacia dónde corren los seres humanos cuando huyen.

Porque aquí está el dato que ningún panfleto de cafetería universitaria les va a explicar: las balsas siempre van de Cuba a Miami. Nunca al revés.

Sí, leyeron bien. En toda la historia de la humanidad, jamás ha habido un gringo desesperado construyendo una balsa de llantas y madera podrida a las tres de la mañana para escapar del infierno capitalista de Florida y llegar al edén socialista de La Habana. Jamás.

Pero vayamos por partes, como decía Jack el Destripador.


Los números que nadie quiere ver

Según datos de la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V) y ACNUR, 7.9 millones de venezolanos han huido de su país desde 2014. Eso representa el 22.5% de la población. Uno de cada cuatro venezolanos ya no vive en Venezuela.

¿Saben cuántas personas abandonan un país cuando todo va bien? Exacto: ninguna.

El éxodo venezolano es ya la mayor crisis migratoria de América Latina y la segunda del mundo, solo superada por Siria. Y mientras escribo estas líneas, 2,000 venezolanos cruzan alguna frontera cada día buscando escapar del paraíso bolivariano. Dos mil. Diarios.

Pero esperen, que Cuba no se queda atrás.

Entre 2021 y 2024, más de 860,000 cubanos llegaron a Estados Unidos. La población de la isla se desplomó de 11.3 millones a aproximadamente 8.6 millones de habitantes. Una reducción del 18% en apenas tres años. El demógrafo cubano Juan Carlos Albizu-Campos estima que la cifra real de emigrados desde 2021 supera el millón de personas.

Para ponerlo en perspectiva mexicana: es como si toda la población de Querétaro desapareciera de un día para otro. Pero no desaparecen, lectores queridos. Se van. Huyen. Escapan.


El muro que solo tenía guardias de un lado

Ahora vámonos a Alemania, porque la historia es buena maestra para quienes quieren aprender.

El Muro de Berlín existió desde 1961 hasta 1989. Durante esos 28 años, 3.5 millones de alemanes orientales cruzaron hacia Occidente antes de que el muro fuera construido, y después, más de 100,000 intentaron escapar a través de él.

¿Cuántos murieron intentándolo? Al menos 140 personas solo en el Muro de Berlín. Más de 600 en toda la frontera interior alemana. Fueron baleados, ahogados, destrozados por minas antipersonales, o murieron de infartos mientras corrían hacia la libertad.

Y aquí viene el dato que debería hacernos pensar: los guardias fronterizos de Alemania Oriental recibían bonos y medallas por matar fugitivos. Sí, el Estado socialista premiaba a sus soldados por asesinar a sus propios ciudadanos. Como decía mi abuela: “Dime de qué presumes y te diré de qué careces.”

¿Saben cuántos alemanes occidentales murieron intentando cruzar hacia el Este?

Cero.

Porque nadie intentó hacerlo.


El país del que nadie escapa… por miedo

Corea del Norte es el caso más extremo. Desde 1998, apenas 34,537 norcoreanos han logrado llegar a Corea del Sur. El pico fue en 2009, con 2,914 personas. En 2021, solo 63 lo lograron.

¿Por qué tan pocos? Porque el régimen norcoreano tiene órdenes de disparar a matar a cualquiera que se acerque a la frontera. Los que logran cruzar a China son cazados como animales y devueltos a Corea del Norte, donde enfrentan tortura, campos de concentración o ejecución.

Se estima que hay 200,000 norcoreanos escondidos ilegalmente en China, viviendo en las sombras, sin poder pedir asilo, esperando una oportunidad de llegar a algún país libre. Muchas son mujeres víctimas de tráfico humano, vendidas como esposas a campesinos chinos.

Y mientras tanto, ¿cuántos surcoreanos han huido hacia el Norte buscando el socialismo juche de Kim Jong-un?

Imagino que ya adivinaron la respuesta.


Hong Kong: el canario en la mina de carbón

En 2020, cuando Beijing impuso la Ley de Seguridad Nacional sobre Hong Kong, el 44% de los residentes declaró que emigraría si pudiera. En el primer año, 90,000 personas abandonaron la ciudad. Las encuestas más recientes indican que uno de cada cuatro hongkoneses planea irse definitivamente.

Los médicos huyen. Los maestros huyen. Los profesionistas huyen. El éxodo de cerebros es tan severo que hasta los medios estatales chinos han tenido que reconocerlo.

Pero aquí está lo interesante: nadie se está yendo a la China continental. Se van a Reino Unido, Canadá, Australia, Taiwan. Huyen del socialismo chino, no hacia él.


Los defensores del paraíso… desde la cafetería

Y llegamos al punto que más me intriga, queridos lectores.

Si el socialismo es tan maravilloso, ¿por qué quienes lo defienden con más pasión lo hacen invariablemente desde países capitalistas?

Los intelectuales que romantizaron a Cuba escribían desde sus departamentos en Manhattan, París o Madrid. Los que defendían a la Unión Soviética lo hacían desde las universidades de Cambridge y Berkeley. Los que hoy aplauden a Maduro tuitean desde iPhones comprados en Miami.

En español les llamamos “izquierda caviar”. En inglés, champagne socialists. En alemán, Salonbolschewisten. Cada idioma tiene su término para describir el mismo fenómeno: personas que defienden un sistema en el que jamás vivirían.

Como decía mi tía de Monterrey: “Del plato a la boca, se cae la sopa.” Es muy fácil defender la expropiación cuando no es tu casa la que expropian. Es muy sencillo aplaudir el racionamiento cuando tu despensa está llena.

Estos defensores de las utopías fallidas venden su pluma, su voz, su credibilidad. Les pagan por defender una ideología. Y en el fondo, son los capitalistas más puros que existen: monetizan sus opiniones en un mercado libre de ideas.

La ironía es tan gruesa que se podría cortar con un cuchillo de untar.


El argumento definitivo

Al final del día, lectores queridos, el argumento más contundente contra el socialismo no lo escribió ningún economista. No está en ningún libro de teoría política. No requiere entender la curva de Laffer ni el cálculo económico de Mises.

El argumento más contundente es muy simple: observen hacia dónde corren los pies de los seres humanos.

Los cubanos no huyen hacia Venezuela. Los venezolanos no huyen hacia Nicaragua. Los norcoreanos no huyen hacia China. Los hongkoneses no huyen hacia la China continental.

Todos huyen hacia el mismo lugar: hacia donde hay propiedad privada, libre mercado, libertad de expresión y estado de derecho. Hacia el capitalismo que tanto desprecian los revolucionarios de salón.

Porque cuando la vida real toca a tu puerta, cuando tienes que decidir dónde criar a tus hijos, dónde buscar atención médica, dónde encontrar comida, los seres humanos votan con los pies. Y ese voto es unánime.

Las balsas siempre van de Cuba a Miami. Nunca al revés.

Y ningún panfleto universitario, ningún influencer progresista, ningún intelectual de cafetería podrá nunca cambiar esa realidad.


Desde algún rincón donde todavía se puede escribir esto sin que te auditen al día siguiente…


PD: Si alguien conoce a un solo estadounidense, canadiense o europeo que haya construido una balsa para escapar hacia Cuba, Venezuela o Corea del Norte, por favor escríbanme. Llevo décadas buscando ese caso y no lo encuentro.

PD2: A los defensores del socialismo que me leerán desde sus Macbooks en algún Starbucks de la Roma: si de verdad creen en lo que predican, tienen vuelos directos a La Habana todos los días. Los esperan con los brazos abiertos. Bueno, con los brazos abiertos y con la cartilla de racionamiento.

PD3: Los 7.9 millones de venezolanos dispersos por el mundo no huyeron del capitalismo. Los 860,000 cubanos que llegaron a Estados Unidos entre 2021 y 2024 no escapaban de la libertad de mercado. Las 140 personas que murieron en el Muro de Berlín no corrían hacia el Este. Esos millones de pies humanos, esas millones de decisiones desesperadas, son el referéndum más honesto que jamás se haya celebrado. Y el resultado es aplastante.

PD4: Como decía mi abuela: “Por sus frutos los conoceréis.” Y los frutos del socialismo son balsas, muros, alambradas, y millones de seres humanos huyendo. Si eso es el paraíso, que Dios nos libre del infierno.


© La Neta – Abril 2026

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