El Pasaporte Dorado de la Suprema Corte
O como decia mi abuelita, se están poniendo el huarache antes de espinarse.
Queridos e institucionalmente saqueados lectores de La Neta:
Si ustedes creían que la impunidad en México era un deporte de alto riesgo, agárrense de sus butacas, porque la Suprema Corte de Justicia de la Nación acaba de convertirlo en una actividad recreativa con seguro de gastos médicos mayores y millas de viajero frecuente. Sí, leyeron bien. Hace apenas unos días, con la sutileza de un elefante en cristalería, nuestros honorables ministros decidieron por mayoría que el delito de peculado —ese pasatiempo nacional que consiste en desaparecer el dinero de nuestros impuestos— no es imprescriptible. En español de a pie: el desvío de recursos ya tiene fecha de caducidad.
Pero vayamos por partes, como decía Jack el Destripador. El argumento del supremo tribunal es que castigar eternamente a un político por llevarse la caja chica (y la grande también) es “desproporcionado”, porque robarse el erario no califica como un crimen de lesa humanidad. ¡Ah, qué alivio para la República! Dejar a los hospitales sin insumos, a las escuelas sin techo y construir puentes de papel maché no atenta contra la humanidad; es simplemente un pequeño desliz administrativo. Un “ups, me equivoqué de número de cuenta y el dinero del bacheo amaneció en Mónaco”.
Lo que acaba de gestarse en los pasillos de la Corte lo podemos denominar como la nueva “Ley para la Corrupción en México”. Su mecánica operativa es más sencilla que entrarle a una tanda en la oficina. El manual queda así:
- Usted, en calidad de funcionario público, “extravía” alegremente la mitad del presupuesto asignado a su cargo.
- Compra un boleto de ida a París, Madrid, o donde sea que sirvan buen vino.
- Se sienta cómodamente en un balcón europeo a ver pasar la vida mientras el reloj de arena judicial se vacía lentamente hasta que su delito prescribe.
- Regresa a México, más bronceado y relajado, listo para que no pase absolutamente nada y, si hay suerte, competir por una diputación plurinominal.
Esto es peor que cuando tu ex revisa tu WhatsApp mientras finges dormir; es un nivel de cinismo institucional que marea. Mientras que a cualquier ciudadano el SAT lo persigue por una factura mal declarada con la intensidad de un cobrador de Coppel, a quienes saquean al país les acaban de regalar una puerta de salida blindada y empaquetada con moño de seda. Como diría mi tía de Monterrey: no tienen llenadera.
Resulta fascinante la vocación que tienen quienes deben cuidar la chequera nacional. Estos jueces se han convertido en el retrato vivo de lo que significa una política descompuesta y cínica. Lejos de defender los recursos de todos nosotros, han diseñado la herramienta jurídica que perfecciona las verdaderas y siniestras intenciones de la corrupción estatal. Están pavimentando, con nuestros propios impuestos, la pista de aterrizaje para que los saqueadores presentes y futuros vuelen sin turbulencias.
Hoy, la justicia mexicana nos dejó una moraleja clarísima: robarse la mitad del país ya no es un crimen, es simplemente un asunto de saber medir los tiempos procesales. Si usted tiene el dinero suficiente para aguantar la respiración judicial en el extranjero, el sistema le perdonará todo.
Desde algún rincón donde la indignación todavía nos quita el sueño más que el café cargado, me despido.
PD: Si en su colonia llevan cinco años esperando que arreglen el alumbrado, no se desgasten; ese dinero está prescribiendo plácidamente tomando el sol en el Mediterráneo.
PD2: Guarden este artículo. En unos años, cuando veamos a los mismos prófugos de siempre paseando por los mejores restaurantes del país sin órdenes de aprehensión, podremos brindar en honor a la Suprema Corte.
PD3: A los que todavía creen que las instituciones están diseñadas para protegernos: revisen cuánto tiempo tarda un mexicano en salir del Buró de Crédito por deberle mil pesos a una telefónica, y compárenlo con los años que le tomará a un político limpiar su nombre tras robarse tres mil millones.


