O cómo 20 años de socialismo te dejan sin dólares y con el tanque vacío
Queridos y geopolíticamente curiosos lectores de La Neta:
Mientras nosotros los mexicanos nos preocupamos por si el SAT nos va a espiar en Tinder, nuestros hermanos bolivianos están enfrentando un drama mucho más existencial: decidir entre el infarto lento o el shock eléctrico. Pero vayamos por partes, como decía Jack el Destripador.
VEINTE AÑOS DESPUÉS: EL DESPERTAR
Resulta que en Bolivia acaba de ocurrir algo que muchos creíamos imposible: después de 20 años votando religiosamente por el Movimiento al Socialismo (MAS), los habitantes del altiplano boliviano —esos resistentes ciudadanos que viven donde el oxígeno es opcional y el frío es permanente— decidieron que ya estuvo bueno.
En la primera ronda de las elecciones presidenciales de agosto, respaldaron a Rodrigo Paz, un senador centrista que promete “capitalismo para todos”. Una frase que suena como esos anuncios de televisión que te ofrecen “crédito para todos” y terminas pagando el doble.
El MAS, ese partido que durante dos décadas fue tan inamovible como las montañas andinas, recibió tan pocos votos que casi pierde su estatus legal. Es como si el PRI hubiera desaparecido en el año 2000… ah, esperen, eso casi pasó también.
LA CATÁSTROFE ECONÓMICA (O CÓMO QUEDARSE SIN DÓLARES EN UN PAÍS SIN PLAYA)
¿Qué llevó a los bolivianos a este cambio radical? Pues resulta que a principios de 2023, el banco central prácticamente se quedó sin dólares. Y cuando digo “sin dólares”, no me refiero a que les faltaban algunos billetes en la caja chica. Me refiero a que los bolivianos ya no pueden acceder libremente a su dinero en moneda americana.
En el mercado negro, los dólares se venden al doble del tipo de cambio oficial. Imaginen la escena: trabajas toda tu vida, ahorras en dólares porque no confías en tu moneda local (con justa razón), y de repente el gobierno te dice “esos dólares que tienes… bueno, no puedes usarlos”. Es como si tu esposa te dijera que puedes tener el control remoto pero no puedes cambiar de canal.
Para colmo, el gobierno boliviano ha estado vendiendo oro para pagar las importaciones de combustible. Sí, leyeron bien: vendiendo oro para comprar gasolina. Es como empeñar tu reloj Rolex para pagar el Uber. Y aun así, la escasez de combustible es constante.
La inflación llegó al 18% en septiembre. Para ponerlo en perspectiva: si comprabas pan en enero, en septiembre ese mismo pan costaba casi 20% más. Y la deuda pública alcanzó el 92% del PIB después de 11 años consecutivos de déficits.
EL DRAMA INTERNO: CUANDO LOS LÍDERES SE PELEAN POR LAS MIGAJAS
Mientras la economía ardía como una llanta vieja, el actual presidente Luis Arce y el expresidente Evo Morales —ese carismático líder de izquierda que gobernó de 2006 a 2019— se peleaban por ver quién iba a representar al MAS en estas elecciones.
Cuando las encuestas mostraron que solo el 2% de los votantes planeaba votar por Arce, este retiró su candidatura. Imaginen la humillación: ser presidente en funciones y que ni tu familia vote por ti.
Luego un fallo judicial impidió que Morales se postulara, así que llamó a los votantes a anular sus boletas. Y aproximadamente el 20% lo hizo. Porque claro, si tu líder no puede ganar, lo mejor es que pierdan todos. Es la lógica del niño que rompe el juguete para que nadie más juegue con él.
LOS CONTENDIENTES: ENTRE LA ESPERANZA Y LA NOSTALGIA
En una esquina tenemos a Rodrigo Paz, de 58 años, hijo de un expresidente (porque en política latinoamericana las dinastías son más comunes que el maíz). Su compañero de fórmula es Edman Lara, un expolicía que se volvió héroe popular después de ser despedido por denunciar corrupción en videos virales de TikTok.
Sí, leyeron bien: TikTok. La plataforma donde normalmente vemos bailes ridículos y recetas de cocina ahora está siendo usada para combatir la corrupción. Los tiempos cambian, queridos lectores.
Juntos recorrieron el país prometiendo “capitalismo para todos”, que según entiendo significa proteger los programas sociales del MAS mientras liberalizan la economía y combaten la corrupción. Es como prometer que vas a hacer dieta pero seguir comiendo tacos. Suena bien, pero la ejecución será interesante.
En la otra esquina está Jorge Quiroga, de 65 años, un exvicepresidente que brevemente fue presidente en 2001 cuando su jefe renunció. Este es su cuarto intento de ser elegido. Si fuera un jugador de futbol, ya estaríamos diciendo que debería retirarse con dignidad.
Quiroga describe el reinado del MAS como “20 años perdidos” y promete cambios radicales. Su apoyo es más fuerte en Santa Cruz, el centro agroindustrial de Bolivia, que siempre se ha opuesto al MAS. Es la versión boliviana de Monterrey oponiéndose a la Ciudad de México, o de Miami oponiéndose a cualquier cosa que huela a socialismo.
LAS ENCUESTAS: O EL ARTE DE NO TENER NI IDEA
Las encuestas previas al balotaje del 19 de octubre dan a Quiroga una ventaja de entre cuatro y ocho puntos. Pero considerando que esas mismas encuestas no detectaron el apoyo a Paz en la primera ronda, muchos son escépticos.
Como dice Pablo Mamani, un sociólogo aymara: “Aquí en El Alto se cree ampliamente que las encuestas están manipuladas para favorecer a Quiroga”. Porque en América Latina desconfiar de las encuestas es tan común como desconfiar de los políticos, de los banqueros y de ese primo que siempre pide prestado pero nunca paga.
EL DESAFÍO: SACAR A BOLIVIA DEL HOYO
Quien gane enfrentará una tarea titánica: sacar a Bolivia de la crisis económica sin provocar una revolución en el proceso.
Primero en la agenda: conseguir dólares y mantener las importaciones de combustible fluyendo. Quiroga dice que irá directamente al FMI a pedir un préstamo. Paz afirma que un préstamo no será necesario después de que su gobierno reduzca la corrupción y restaure la confianza, haciendo que la gente saque los dólares que tiene escondidos en los colchones.
Ambos ya hicieron un viaje a Washington para empezar las discusiones. Porque cuando estás desesperado, todos los caminos llevan al Tío Sam.
El subsidio al combustible costó $2 mil millones en 2024, casi el 4% del PIB. Habrá que recortar ministerios inflados y empresas estatales deficitarias. Se necesitarán reformas para atraer inversión extranjera en minería, petróleo y gas. Y en algún momento, el tipo de cambio fijo tendrá que aflojarse.
EL DILEMA EXISTENCIAL: ¿GRADUAL O SHOCK?
Aquí viene lo bueno, queridos lectores. En 2010, cuando Morales intentó eliminar el subsidio al combustible, las protestas lo obligaron a retroceder. Los bolivianos salieron a las calles como si les hubieran quitado el oxígeno (que ya de por sí escasea en esas alturas).
Ahora la gente entiende que el cambio es necesario. Pero el próximo presidente enfrenta un dilema clásico de la política económica latinoamericana: si te mueves muy lento, desperdicias tu capital político mientras la economía se degrada; si te mueves muy rápido, el país entra en recesión y la gente sale a quemar llantas.
Como dice Daniel Agramont, un economista boliviano: “Ese es el debate: ¿gradual, o shock?”
Es la versión económica de decidir si te arrancas la curita de un jalón o poco a poco. Ambas opciones duelen, pero una te hace sufrir por más tiempo.
REFLEXIÓN FINAL DESDE ESTA ORILLA DEL RÍO
Mientras observo este drama boliviano desde la comodidad de mi escritorio en la Ciudad de México —donde al menos todavía tenemos gasolina, aunque cada vez más cara—, no puedo evitar pensar en las lecciones que deberíamos estar aprendiendo.
Bolivia nos muestra qué pasa cuando un modelo económico se agota pero nadie quiere aceptarlo hasta que ya es demasiado tarde. Nos enseña que el populismo eventualmente se estrella contra la realidad, y que la realidad siempre gana.
También nos recuerda que los cambios políticos drásticos suelen venir cuando la gente ya no puede ni llenar el tanque de su auto. La ideología es muy bonita hasta que no tienes para comer.
¿Qué pasará en Bolivia después del 19 de octubre? Honestamente, no lo sé. Pero sospecho que el próximo presidente, sea quien sea, va a extrañar los días en que solo era candidato.
Me despido deseándole a Bolivia la mejor de las suertes. La van a necesitar. Y nosotros haríamos bien en prestar atención, porque las lecciones de la historia económica latinoamericana tienden a repetirse, como las resacas después de una boda.
Desde algún lugar donde todavía hay gasolina en las bombas y dólares en los cajeros automáticos… por ahora.
PD: A los bolivianos: elijan bien. Tienen dos opciones: la muerte lenta o el electroshock. Ambas duelen, pero al menos el electroshock es rápido.
PD2: Para los mexicanos que lean esto pensando “qué bueno que eso no nos pasa a nosotros”, les recuerdo que tuvimos un diciembre de 1994. La amnesia no es buena consejera.
PD3: Si algún boliviano lee esta columna y se ofende por mi tono, les ofrezco disculpas. Pero ustedes votaron por el MAS durante 20 años. A veces el humor es la única forma de procesar decisiones así.


