EL T-MEC: SOBREVIVIENDO A SU PROPIO CREADOR

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O cómo Donald Trump está destruyendo el tratado que él mismo negoció

Queridos y cada vez más arancelados lectores de La Neta:

Hay una ironía tan deliciosa en la política internacional actual que merece ser degustada lentamente, como un buen mezcal. Resulta que Donald Trump está destruyendo metódicamente el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), el mismo acuerdo comercial que él negoció durante su primer mandato. Es como si un chef premiado regresara a su restaurante y empezara a quemar todos los platillos que lo hicieron famoso.

LA PROTECCIÓN QUE SE DESVANECE

México y Canadá fueron los primeros países que Trump amenazó con aranceles cuando volvió al poder en enero. Diez meses después, ambos disfrutan de una tasa arancelaria estimada en menos del 10%, muy por debajo del promedio global del 17%. ¿Qué los ha protegido? El T-MEC, ese acuerdo que Trump negoció para reemplazar al TLCAN.

Pero el tratado está bajo presión. El 16 de septiembre comenzaron las consultas previas a la primera revisión formal del acuerdo, que debe iniciar el 1 de julio de 2026. Trump tiene la oportunidad perfecta para volar por los aires el tratado que él mismo creó. Es como si Frankenstein decidiera que su monstruo no le gusta y le prendiera fuego.

LOS NÚMEROS (Y LA TRAICIÓN)

Entre 2019 y 2024, el intercambio comercial entre los tres países creció 32% hasta alcanzar $2 billones anuales. La inversión extranjera directa aumentó 21%. Pero Trump no respeta ni la letra ni el espíritu del tratado que él mismo negoció.

Además de imponer aranceles del 25% sobre productos mexicanos no cubiertos por el T-MEC, y del 35% sobre productos canadienses, también ha aplicado aranceles sobre artículos que SÍ están cubiertos: automóviles, acero y aluminio. ¿La justificación? Seguridad nacional. Porque aparentemente los autos canadienses son una amenaza existencial.

Aquí viene lo mejor: cuando se acordó el T-MEC en 2018, Estados Unidos otorgó a Canadá y México una cuota anual de importaciones libres de aranceles para 2.6 millones de vehículos de cada país, más autopartes por decenas de miles de millones. ¿Adivinen qué? Estados Unidos simplemente ignoró esa cuota. La dejó en el cajón, como esos buenos propósitos de Año Nuevo que nadie cumple.

La cerveza mexicana está cubierta por el T-MEC, pero los exportadores deben pagar el arancel de “seguridad nacional” sobre el aluminio de la lata. Es decir, puedes vender la cerveza libremente, pero la lata es una amenaza para Estados Unidos. La lógica es impecable si ignoras completamente la lógica.

Algunos estiman que hasta un tercio de todo el comercio del T-MEC está ahora afectado. Como dice Diego Marroquín de un think-tank en Washington: “El universo de bienes que reciben trato preferencial está volviéndose cada vez más pequeño”.

EL APOCALIPSIS QUE NADIE QUIERE

Eliminar el acuerdo sería catastrófico, especialmente para México. Más del 80% de nuestras exportaciones van al norte, equivalente a un tercio del PIB. Canadá envía tres cuartas partes de sus exportaciones al sur. Estados Unidos tampoco se salvaría, con una quinta parte de sus exportaciones yendo a sus vecinos.

Por eso, la mayoría espera que el T-MEC se renueve en 2026 por 16 años. Pero pocos creen que eso detendrá a Trump de seguir azotando a sus vecinos con aranceles. Es como ese vecino que firma el reglamento del condominio pero sigue poniendo la música a todo volumen.

LA ESTRATEGIA MEXICANA: “SÍ, SEÑOR”

Canadá ha sido abiertamente crítico de Trump. Mark Carney ganó las elecciones con un fuerte mensaje anti-Trump. México, en contraste, ha abrazado las demandas estadounidenses trabajando duro para construir una relación con Trump. Es la estrategia del “sí, señor, lo que usted diga, señor”.

En septiembre, México anunció aranceles del 20-50% sobre 1,463 productos de países sin acuerdo de libre comercio, incluyendo un 50% para autos chinos. Es una reacción directa a las preocupaciones de Trump sobre China. Como dice el subsecretario Gutiérrez: “México a veces ha hecho más que Estados Unidos mismo para proteger la competitividad norteamericana”.

Es funcional, pero no exactamente digno. Como cuando haces exactamente lo que tu pareja caprichosa quiere para evitar el conflicto.

REFLEXIÓN FINAL

La integración y el libre comercio siguen siendo el mejor trato para América del Norte. Pero Trump está destruyendo el tratado que él mismo creó, argumentando que protege la seguridad nacional. Es como si un bombero prendiera fuego a las casas para justificar su trabajo.

Y nosotros, pobres mortales atrapados en este drama comercial, solo podemos observar y esperar que la cordura prevalezca. Aunque apostar por la cordura en la política internacional es como apostar a que va a nevar en Cancún.

Desde algún café donde todavía puedo disfrutar de productos importados… por ahora.

PD: La revisión del T-MEC es en julio de 2026. Va a ser más entretenido que cualquier final de temporada de su serie favorita. Y probablemente más frustrante también.