O cómo menos hielo podría significar más fuego
Queridos y cada vez más preocupados lectores de La Neta:
Justo cuando pensábamos que el calentamiento global ya nos había mostrado todos sus trucos —derretimiento de polos, huracanes más potentes, sequías apocalípticas, olas de calor infernales—, resulta que la naturaleza tenía un as bajo la manga: volcanes. Sí, leyeron bien. Menos hielo podría significar más erupciones volcánicas.
Si esto les suena a guión de película de desastres de Netflix, les tengo malas noticias: es ciencia real siendo estudiada por gente seria en Islandia, ese país que básicamente es un laboratorio natural de cómo el planeta puede matarnos de formas creativas.
ISLANDIA: DONDE EL HIELO Y EL FUEGO SE DAN LA MANO
¿Por qué una meteoróloga islandesa se preocuparía por las rocas bajo sus pies? Porque vive en un país que está literalmente partido en dos. Islandia está sobre la dorsal mesoatlántica, una frontera entre dos placas de la corteza terrestre que se están separando. Esto permite que roca líquida caliente —llamada magma, para los que prestaron atención en la clase de geografía— suba desde las profundidades.
El país tiene 34 volcanes activos, la mitad de ellos sepultados bajo hielo de hasta un kilómetro de espesor. Y ese hielo se está derritiendo por el calentamiento climático. Algunos predicen que los glaciares desaparecerán en dos siglos, lo cual podría alterar los volcanes debajo, haciendo que erupcionen con más frecuencia, más violentamente, o ambas cosas.
Michelle Parks, de la Oficina Meteorológica Islandesa (sí, allá los meteorólogos también se preocupan por volcanes), está liderando un proyecto de tres años para determinar si, efectivamente, menos hielo significa más fuego.
LA FÍSICA DEL PROBLEMA: CUANDO QUITAS EL TAPÓN
La explicación es tan elegante como aterradora. Los glaciares presionan la corteza terrestre. Esa presión comprime la roca subyacente, elevando su punto de fusión. Quita el hielo y la roca rebota —la tierra alrededor de algunos volcanes cubiertos de hielo está subiendo hasta 3 centímetros por año—, aliviando la presión. Esto significa que el punto de fusión baja, facilitando la formación de magma, que luego erupciona como lava.
Es como tener una olla exprés. Mientras la tapa está bien puesta, todo está bajo control. Pero si empiezas a aflojar la presión, eventualmente todo explota. Solo que en este caso la olla exprés es del tamaño de un país.
Los datos geológicos recopilados por la doctora Parks sugieren que se está produciendo de dos a tres veces más magma bajo Islandia que hace un siglo. Su colega Freysteinn Sigmundsson (nombre que confirma que los islandeses tienen teclados diferentes a los nuestros) sugiere que el magma recién generado podría empezar a llegar en las próximas décadas.
LA HISTORIA SE REPITE: LECCIONES DEL PASADO
La historia respalda esta teoría de manera contundente. Hace unos 10,000 años, después del retroceso de una capa de hielo de miles de metros que cubría Islandia durante la última era glacial, hubo de 30 a 50 veces más erupciones volcánicas. Claro, había mucho más hielo entonces que los pedazos que quedan ahora. Pero el vínculo con mayor actividad volcánica parece claro.
Algunos volcanes ya están mostrando comportamientos inusuales. Grimsvotn y Bardarbunga, en el centro de Islandia, han estado más activos de lo normal en décadas recientes. Por el contrario, Katla, en el sur, que solía erupcionar cada 50 años, ha estado callado durante más de un siglo.
¿Está Katla ahorrando energía para una gran final? Nadie lo sabe. Y esa incertidumbre es precisamente lo que quita el sueño a los científicos.
NO ES SOLO ISLANDIA: EL CLUB DE LOS VOLCANES CONGELADOS
Islandia no es el único lugar afectado. La Antártida, Alaska y los Andes están igualmente malditos. En total, unos 250 volcanes están enterrados bajo o cerca de capas de hielo. Y la Antártida probablemente alberga otros aún no descubiertos, porque aparentemente la naturaleza todavía tiene sorpresas guardadas.
La Antártida y Alaska están escasamente pobladas (y con razón, hace un frío del demonio). Pero los Andes —o más bien, las regiones costeras al oeste de ellos— no lo están. Una investigación publicada en 2020 sugiere que aunque solo 20,000 personas viven dentro de 5 kilómetros de un volcán afectado, 160 millones de personas viven dentro de 100 kilómetros y podrían estar en riesgo de interrupciones en su suministro de agua y deslaves de lodo.
Eso es más gente que toda la población de México viviendo potencialmente en la zona de impacto de un volcán que podría volverse más activo debido al cambio climático. Dejemos que eso se asiente por un momento.
CUANDO LOS VOLCANES AFECTAN A TODOS
Y no necesitas vivir cerca para ser afectado. Cuando Eyjafjallajökull (palabra que ningún locutor de televisión pudo pronunciar correctamente), un volcán pequeño según estándares islandeses, erupcionó hace 15 años, envió a la atmósfera una nube de ceniza suficiente para provocar seis días de caos aéreo en toda Europa.
A finales del siglo XVIII, Laki, otro volcán islandés, emitió tanto dióxido de azufre y ceniza que algunos historiadores sugieren que las malas cosechas precipitadas por la caída de temperaturas resultante ayudaron a causar la Revolución Francesa.
Sí, un volcán en Islandia posiblemente contribuyó a que guillotinaran a Luis XVI. La historia está llena de estas conexiones inesperadas que parecen sacadas de una novela de ciencia ficción pero que son completamente reales.
LA IRONÍA SUPREMA
Las preocupaciones actuales sobre el efecto del cambio climático en la agricultura giran en torno al daño que las temperaturas crecientes podrían causar. Que también pudiera provocar caídas dañinas de temperatura a través de erupciones volcánicas es irónico hasta lo absurdo.
Es decir, nos estamos preocupando por el calor excesivo, pero resulta que ese calor podría derretir suficiente hielo para activar volcanes que luego enfriarían el planeta con sus nubes de ceniza. Es como si la naturaleza hubiera leído todas las novelas distópicas que hemos escrito y dijera: “Hold my beer”.
REFLEXIÓN FINAL
Estamos en una situación donde el calentamiento global no solo nos trae más calor, sequías e inundaciones. También podría despertar volcanes que han estado tranquilos bajo capas de hielo durante siglos o milenios. Volcanes que, cuando erupcionen, podrían enfriar temporalmente el planeta pero devastar regiones enteras en el proceso.
La complejidad de los sistemas naturales de la Tierra es asombrosa. Y aterradora. Porque resulta que no podemos simplemente calentar el planeta sin consecuencias inesperadas. Cada acción tiene reacciones en cadena que apenas estamos comenzando a comprender.
Michelle Parks y sus colegas en Islandia están tratando de entender estas conexiones antes de que sea demasiado tarde. Mientras tanto, el resto de nosotros seguimos discutiendo si el cambio climático es real mientras el hielo se derrite y los volcanes se preparan para su debut.
Como diría mi abuela: “El que juega con fuego, se quema”. Solo que en este caso, estamos jugando con hielo y el resultado final podría ser fuego de todas formas.
Desde un país sin volcanes cubiertos de hielo pero con suficientes problemas propios.
PD: La próxima vez que alguien les diga que el cambio climático solo significa que hará más calor, recuérdenle que también podría significar más erupciones volcánicas. Eso tiende a callar conversaciones.
PD2: Eyjafjallajökull sigue siendo imposible de pronunciar, pero sus consecuencias fueron muy reales. Que eso les sirva de metáfora sobre subestimar cosas que no entendemos.
PD3: Si viven cerca de un volcán cubierto de hielo, tal vez sea momento de actualizar su póliza de seguro. O mudarse. Preferiblemente mudarse.
Con informacion de: The Economist





