O cómo convertir a Hacienda en un novio sicópata digital
Queridos y cada vez más vigilados lectores de La Neta:
Si ustedes creían que George Orwell exageraba cuando escribió “1984”, déjenme informarles que el gobierno mexicano acaba de decir: “Orwell, amigo, te quedaste corto”. Resulta que nuestros diputados de la 4T, esos abnegados servidores públicos que jamás pierden oportunidad de superarse a sí mismos en creatividad autoritaria, acaban de aprobar que el SAT tenga acceso en tiempo real a las plataformas digitales.
Sí, leyeron bien. En tiempo real. Como cuando tu ex esposa revisa tu WhatsApp mientras finges estar dormido.
Con 348 votos a favor —porque cuando tienes mayoría absoluta para qué perder tiempo en nimiedades como la democracia o los derechos humanos—, la Cámara de Diputados aprobó reformas al Código Fiscal que permitirán al Servicio de Administración Tributaria (ese ente que ya de por sí nos provoca pesadillas cada abril) entrar en línea y en tiempo real a las bases de datos de plataformas digitales.
EL ROMANCE DEL SIGLO: TÚ Y EL SAT
La diputada panista Verónica Pérez lo dijo con una claridad que me hubiera gustado tener en mis mejores días: “Ahora quieren hasta espiar las plataformas digitales, como Tinder y otras más. Al gobierno le interesa ver a quién le dan like”.
Imaginen la escena: están ustedes en Tinder, deslizando perfiles a la izquierda y derecha con esa esperanza tonta que todos tenemos de encontrar al amor de nuestra vida (o al menos alguien que acepte cenar con nosotros), y resulta que hay un funcionario del SAT del otro lado tomando notas.
“Oiga, señor contribuyente, vemos que le dio like a alguien que vive en Polanco. ¿Cómo piensa pagarle las cenas con su declaración de ingresos actual?”
Pero no se trata solo de Tinder, mis queridos y acosados lectores. El artículo 30-B de esta joya legislativa permite al SAT tener acceso permanente y en tiempo real a toda la información que tengan las plataformas digitales. Sí, sus compras en Amazon, sus suscripciones a Netflix (donde probablemente están viendo series coreanas en lugar de trabajar), sus transacciones, sus datos.
Como bien dijo la diputada Pérez: “Si no colaboras, te bloquean. Si pagas en tiempo, te borran. Si no obedeces, te congelan. El SAT se volvió policía”.
CUANDO EL FISCO SE CONVIERTE EN NOVIO TÓXICO
El diputado panista Hernando Castañeda lo expresó con una elocuencia que me arrancó una carcajada amarga: “Ni mi mamá cuando yo era chiquito quería saber tanto. El SAT se comportaría como novio sicópata, un acosador”.
Y tiene toda la razón del mundo. Piénsenlo: si venden algo en Mercado Libre, el SAT quiere saber. Si hacen un envío por Shopee o usan Uber, el SAT quiere saber. Si suben una historia en Instagram o, Dios nos libre, opinan del gobierno en Facebook o X, el SAT quiere saber.
Como ironizó el mismo diputado: “Ya no basta con declarar tus ingresos, ahora parece que quieren que declares hasta tus pensamientos”.
Los morenistas, por supuesto, nos aseguran con esa convicción que solo da el vivir en una realidad paralela, que todo esto es para “comprobar el cumplimiento de las obligaciones fiscales, evitando abusos al recopilar información, respetando la privacidad y la protección de datos personales”.
Claro que sí. Y yo soy Brad Pitt en mis ratos libres.
LA CONSTITUCIÓN: ESE PAPEL DECORATIVO
La diputada priista Verónica Martínez señaló algo que debería preocuparnos más que nuestra adicción a las redes sociales: “El incumplimiento de esta norma permitirá a la autoridad bloquear plataformas digitales sin orden judicial ni mecanismos de transparencia”.
Léanlo de nuevo, despacio. Sin orden judicial. Ese pequeño detalle que los abogados llaman “Estado de Derecho” y que nuestra Constitución, en su ingenuidad del siglo XIX, consideraba importante al exigir en su artículo 16 la autorización de un juez para intervenir información privada.
Pero claro, ¿quién necesita jueces cuando tienes mayoría legislativa?
EL GOBIERNO ESTÁ QUEBRADO Y NECESITA TU DINERO
La cruda realidad, como señaló la diputada priista, es que “el gobierno está quebrado y en su desesperación va a vulnerar derechos fundamentales”. Porque cuando no alcanza el dinero, lo más sencillo es convertirse en un Gran Hermano fiscal que observa, archiva y sanciona.
Y por si esto fuera poco, la reforma también contempla hasta nueve años de prisión para quien emita o reciba facturas falsas. “Pero esperen”, dirán ustedes, “yo solo compro cosas legales con factura”. Pues resulta que si meses después el SAT descubre que ese proveedor era un facturero, usted, inocente ciudadano que actuó de buena fe, podría terminar siendo investigado como delincuente fiscal.
Es como si te castigaran por haber salido con alguien que resultó ser casado, aunque no lo supieras.
LA FECHA FATÍDICA
Todo esto entra en vigor el 1 de abril de 2026. Y no, no es una broma del Día de los Inocentes, aunque lo parezca. Las plataformas digitales tendrán hasta esa fecha para “realizar los ajustes necesarios en sus sistemas”, es decir, para instalar la ventanita por donde el SAT podrá mirar todo lo que hacemos.
El diputado panista Marcelo Torres lo resumió con brutal precisión: “¿Hasta dónde quiere llegar el ‘narcogobierno’ para controlar a los mexicanos? Ahora pretende convertir al SAT en una especie de gran hermano fiscal, un monstruo digital con ojos en todas partes, capaz de espiar en tiempo real lo que haces, lo que vendes y hasta lo que escribes en tu computadora”.
REFLEXIONES FINALES DE UN CIUDADANO VIGILADO
Amigos lectores, hemos llegado a ese punto donde la realidad supera cualquier novela distópica. Kafka se quedaría corto. Orwell parecería un optimista. Y nosotros, ciudadanos comunes y corrientes, nos convertimos en protagonistas involuntarios de un reality show llamado “Gran Hermano Fiscal”.
Así que a partir del 1 de abril de 2026, cuando busquen en Google “cómo evadir impuestos” (incluso como broma), cuando le den like a ese perfil de Tinder que claramente está fuera de su liga, cuando compren ese segundo Netflix porque su primo está usando su cuenta, recuerden: alguien en el SAT está tomando notas.
Y no, no es paranoia. Es México en el siglo XXI, donde la privacidad se volvió un lujo que solo pueden darse los políticos con sus esquemas de protección.
Me despido antes de que el SAT me audite por esta columna y descubra que el año pasado no declaré los tres pesos que me encontré en el pantalón al lavarlo.
Germán Dehesa, escribiendo desde una computadora que probablemente ya está siendo monitoreada por alguien en Hacienda.
PD: Si después de leer esto deciden mudarse a un pueblo sin internet y vivir del trueque, los entiendo perfectamente. Yo ya estoy buscando terrenos en la sierra.
PD2: A los diputados de la 4T que votaron a favor: espero que cuando el SAT revise su historial de Tinder encuentren algo interesante. Ustedes se lo buscaron.





