!MÉXICO ES UNA RANA EN UNA OLLA DE AGUA HIRVIENDO! ES HORA DE SALTAR!

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O cómo nos cocinaron lentamente sin que nos diéramos cuenta

Queridos y progresivamente cocidos lectores de La Neta:

Hay una vieja fábula sobre una rana en una olla con agua. Si la arrojas al agua hirviendo, salta de inmediato. Pero si la pones en agua fría y subes la temperatura gradualmente, la rana se queda ahí, ajustándose al cambio incremental, hasta que finalmente se cocina sin haberse dado cuenta.

Científicamente, la fábula es falsa. Una rana real saltaría mucho antes de morir. Pero metafóricamente, es perfecta. Porque describe exactamente lo que le está pasando a México.

Y aquí está la noticia que arruinará su fin de semana: el agua ya está hirviendo. Ya estamos cocidos. Y la mayoría todavía no se ha dado cuenta.

ACTO I: LA LLEGADA DEL CHEF

Hace siete años, cuando Andrés Manuel López Obrador ganó la presidencia con votación histórica, flotaba en el aire una advertencia. El PRI y el PAN lo vendían como “peligro para México”. Las cúpulas empresariales advertían sobre el riesgo. Los analistas hablaban de autoritarismo inminente.

Y AMLO, hábilmente, los tranquilizó a todos.

Mantuvo atmósfera conciliadora. Habló de reconciliación. Prometió no perseguir a nadie. Se reunió con empresarios y les dio certidumbre. Les dijo lo que querían escuchar. Y el agua estaba fría, cómoda. “Ven”, dijo, “métete. No pasa nada”.

Y la rana mexicana se metió.

Porque es verdad: no pasaba nada. Todavía.

ACTO II: SUBIENDO EL FUEGO GRADO POR GRADO

Entonces comenzaron los cambios. Pequeños. Incrementales. Uno a la vez.

Primero, los fideicomisos. “Son corrupción”, dijeron. “Debemos acabar con ellos”. Y los eliminaron. El agua subió un grado. Nos movimos incómodos pero nos quedamos.

Luego, la reforma eléctrica. “Es soberanía energética”, argumentaron. El agua subió otro grado. Algunos protestaron. La mayoría se adaptó.

Después, los organismos autónomos. El INE debilitado. El INAI bajo ataque. La CNDH domesticada. El agua seguía subiendo. “Es para acabar con la burocracia”, explicaban. Y muchos asintieron.

Y finalmente, el golpe maestro: la reforma judicial. Destruir la independencia del Poder Judicial. Someter la Suprema Corte. Convertir a los jueces en empleados del poder ejecutivo.

El agua ya no estaba tibia. Estaba caliente. Muy caliente. Pero la rana se había acostumbrado tanto al calor gradual que ya no podía distinguir la diferencia entre “incómodo” y “letal”.

ACTO III: AGUA HIRVIENDO Y RANA COCIDA

Y entonces llegó Claudia Sheinbaum.

No con mayoría simple. Con mayoría calificada. No con algunos aliados. Con hegemonía absoluta. No con instituciones que pudieran frenarla. Con instituciones ya destruidas, ya sometidas, ya obedientes.

AMLO pasó seis años destruyendo los diques. Sheinbaum gobierna en la inundación.

Y el 15 de noviembre de 2024, vimos finalmente lo que significa agua hirviendo.

LAS IMÁGENES QUE NO DEBERÍAMOS HABER VISTO EN MÉXICO

La Generación Z marchó. Jóvenes. Pacíficos. Protestando por condiciones laborales, por futuro incierto, por un país que parece no tener espacio para ellos.

Y el gobierno respondió con violencia.

Las imágenes parecían sacadas de Libia, de Irak, de esos lugares donde uno dice “qué bueno que no vivimos ahí”. Policías golpeando manifestantes. Guardia Nacional —esa que supuestamente protege al pueblo— reprimiendo al pueblo. Gases lacrimógenos. Porrazos. Detenciones arbitrarias.

Jóvenes siendo arrastrados por “autoridades” que se supone deben protegerlos.

Y uno se pregunta: ¿cuándo México se convirtió en esto?

La respuesta es: gradualmente. Tan gradualmente que no nos dimos cuenta hasta que fue demasiado tarde.

LA INVERSIÓN DE PRIORIDADES: CUANDO EL GOBIERNO PROTEGE A LOS CRIMINALES Y ATACA A LOS CIUDADANOS

Aquí está la verdad que duele: cuando un gobierno ataca a los que hablan en su contra pero abraza a los delincuentes, solo hay una explicación posible.

El gobierno ES el delincuente.

Por eso se enoja con los empresarios que exigen certidumbre jurídica. Por eso ataca a los jóvenes que marchan por mejores condiciones. Por eso persigue a periodistas críticos. Por eso destruye instituciones que podrían investigarlo.

Porque los delincuentes no atacan a otros delincuentes. Atacan a los que amenazan su operación.

Y el empresario honesto, el joven manifestante, el periodista crítico —estos son amenazas. No para México. Para el sistema de impunidad que este gobierno ha construido.

LA ESTUPIDEZ ECONÓMICA: MATANDO A LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO

Lo que este gobierno no entiende —o peor, sí entiende pero le vale— es que sin empresarios no hay país.

Los empresarios no son el enemigo. Son el motor. Son los que arriesgan capital, crean empleos, pagan impuestos, generan riqueza que luego el gobierno redistribuye (o roba, según el caso).

Más empresarios significa más empleos. Más empleos significa más contribuyentes. Más contribuyentes significa más recaudación. Es matemática de primaria.

Pero este gobierno prefiere estrangular a los empresarios con auditorías masivas, regulaciones absurdas, y retórica anti-empresarial. Como si matar a la gallina de los huevos de oro fuera estrategia económica brillante.

La mujer que pone una fonda, se levanta a las cinco de la mañana, arriesga sus ahorros, contrata empleados, paga impuestos —esa mujer es heroína nacional. Crea más valor para México que diez políticos juntos.

Pero el gobierno la trata como criminal potencial mientras aplaude al nini de cuarenta años que cobra cheque gubernamental y no contribuye nada.

¿Dónde está la lógica? ¿Dónde está la justicia?

JUSTICIA VS. IGUALDAD: LA CONFUSIÓN MORTAL

Este gobierno habla de “igualdad” como si fuera virtud suprema. Pero igualdad forzada no es justicia. Es injusticia.

No somos iguales. Biológicamente. Físicamente. Intelectualmente. Algunos trabajan más. Algunos arriesgan más. Algunos contribuyen más.

Tratar igual a la madre soltera que trabaja catorce horas y al vago que no quiere trabajar no es justicia. Es perversión de la justicia.

La justicia es dar a cada quien lo que merece según su esfuerzo y contribución. La igualdad forzada es dar a todos lo mismo independientemente de mérito.

México no necesita más igualdad. Necesita más justicia. Y justicia significa que quien trabaja prospera, quien arriesga gana, quien contribuye se beneficia.

Pero también significa que quien roba va a la cárcel, quien abusa pierde poder, quien miente enfrenta consecuencias.

Y eso, queridos lectores, es exactamente lo que este gobierno no quiere. Porque en un sistema justo, la mayoría de ellos estarían en prisión.

EL DIAGNÓSTICO INCÓMODO: LA CAPTURA IDEOLÓGICA

¿Cómo llegamos aquí? ¿Cómo una nación entera se dejó cocinar lentamente?

Porque fuimos capturados por una ideología que prometía justicia pero entregó resentimiento. Que prometía prosperidad pero entregó pobreza compartida. Que prometía libertad pero construyó autoritarismo.

El socialismo y sus variantes han fracasado sistemáticamente en cada país que los implementó. Cuba, Venezuela, Nicaragua, Corea del Norte —la lista es museo de horrores. Países destruidos, pueblos empobrecidos, libertades eliminadas.

Y sin embargo, aquí estamos, en 2024, con un gobierno que sigue vendiendo esa misma mentira. Con intelectuales que defienden ese mismo fracaso. Con ciudadanos que aplauden su propia destrucción.

Es locura. Literalmente. Hacer lo mismo esperando resultados diferentes es definición de locura.

LA BATALLA QUE DEBEMOS LIBRAR

Y aquí llegamos al punto crucial: esto no es batalla entre izquierda y derecha. Esas son etiquetas. Distracciones. Teatro político.

Esto es batalla entre libertad y autoritarismo. Entre prosperidad y pobreza. Entre verdad y mentira. Entre construcción y destrucción.

Si quieren llamarlo batalla entre bien y mal, adelante. Yo lo llamo batalla entre quienes quieren un México funcional y quienes quieren un México sometido.

Y en esa batalla, el silencio es complicidad.

Si no marchamos, si no protestamos, si no alzamos la voz, si no leemos, si no participamos en esta batalla cultural —entonces el mal (o el autoritarismo, o como quieran llamarlo) triunfará.

No por ser más fuerte. Sino porque los buenos se quedaron callados.

EL LLAMADO FINAL: SALTEN DE LA OLLA

Querida rana mexicana:

El agua está hirviendo. Ya no es metáfora. Es realidad literal.

Los jóvenes golpeados el 15 de noviembre son evidencia. La destrucción institucional es evidencia. La represión de voces críticas es evidencia. El empobrecimiento económico es evidencia.

Pueden seguir adaptándose al calor, convenciéndose de que “no está tan mal”, de que “así son las cosas”, de que “no podemos hacer nada”.

O pueden saltar.

Saltar significa protestar. Significa organizarse. Significa votar diferente. Significa hablar. Significa no normalizar lo anormal. Significa exigir.

Significa reconocer que nos están cocinando y decidir que no vamos a morir en esta olla.

La pregunta no es si el agua está hirviendo. Ya está. La pregunta es: ¿tendrán el valor de saltar antes de que sea demasiado tarde?

Porque una rana cocida no puede saltar. Solo puede flotar. Inerte. Muerta.

Y México todavía puede saltar. Todavía tiene fuerza. Todavía tiene vida.

Pero el tiempo se acaba. El agua sigue subiendo. Y pronto, muy pronto, ya no será opción.

Salten. Por favor. Salten.

Antes de que sea demasiado tarde.

Desde fuera de la olla, gritando a los que todavía están adentro.

PD: Las imágenes del 15 de noviembre deberían haber despertado a todos. Si no lo hicieron, entonces estamos más cocidos de lo que pensaba. Y eso es aterrador.

PD2: A los jóvenes que marcharon: ustedes son el futuro de México. No dejen que este gobierno les robe eso. Sigan luchando. Sigan alzando la voz. Somos más los que estamos con ustedes de los que parece.

PD3: La rana en la fábula no salta porque no se da cuenta del peligro hasta que es demasiado tarde. Nosotros ya nos dimos cuenta. Ya no hay excusa. Ahora es decisión: ¿nos quedamos a morir o saltamos a vivir? La elección es nuestra. Todavía.​​​​​​​​​​​​​​​​