O cómo México se convirtió en la película “Gaslight” pero sin Ingrid Bergman
Queridos y progresivamente confundidos lectores de La Neta:
Hay una película de 1944 llamada “Gaslight” donde un marido manipula a su esposa para hacerle creer que está loca. Le mueve las cosas de lugar, hace que las luces parpadeen, y cuando ella lo nota, él le dice: “Estás imaginando cosas, querida”. Eventualmente, la pobre mujer empieza a dudar de su propia cordura.
Les cuento esto porque México lleva seis años viviendo en esa película. Solo que el marido manipulador es el gobierno y nosotros somos la esposa cada vez más confundida.
LA ESTRATEGIA: MENTIR CON DATOS REALES
Desde que López Obrador llegó al poder, el gobierno ha perfeccionado el arte del gaslighting institucional. No mienten descaradamente —eso sería muy burdo—. Lo que hacen es mucho más sofisticado: te dan datos reales pero incompletos, correlaciones trucadas, y narrativas diseñadas para que dudes de lo que ves con tus propios ojos.
Te hablan de crecimiento económico pero no mencionan la inflación que se come ese crecimiento como Pac-Man a los fantasmitas. Te dicen que bajaron los homicidios pero convenientemente olvidan contar a los desaparecidos. Porque técnicamente, si no encuentras el cuerpo, no hubo asesinato. Es matemática gubernamental: 1 + 1 = lo que necesitemos que sea.
Te aseguran que millones salieron de la pobreza mientras tu carrito del súper cuesta el doble y tu salario sigue igual. Te muestran cifras de reducción de la deuda pública mientras silenciosamente se acabaron todos los fondos de reserva, todos los fideicomisos, todo lo que generaciones anteriores (con todos sus defectos) habían guardado para emergencias.
LOS PROGRAMAS SOCIALES: COMPRA DE CONSCIENCIAS
El gobierno regala dinero. Mucho dinero. A través de programas sociales que, seamos honestos, son puro clientelismo electoral disfrazado de ayuda social. Le das dinero a la gente para que vote por ti. Y funciona, porque ningún ser humano en su sano juicio va a votar en contra de quien le pone comida en la mesa.
Es la versión política del síndrome de Estocolmo. Te tienen cautivo económicamente y terminas defendiendo a tu captor.
Venimos de gobiernos históricamente malos. La corrupción en México no es un bug, es una feature del sistema. La sociedad mexicana ha normalizado tanto la corrupción que aplicamos religiosamente la máxima del “el que no tranza, no avanza”. Mientras en Japón prevalece el “o lo hago bien o no lo hago”, nosotros celebramos la viveza criolla como si fuera una virtud nacional.
LA CRISIS ES CULTURAL
Como decía Antonio Gramsci (ese italiano comunista que al menos sabía de lo que hablaba), necesitamos una batalla cultural. El mexicano necesita entender qué significa realmente ser mexicano. No el estereotipo del mariachi borracho y el sombrero grande. Ser mexicano debería significar ser trabajador, respetuoso, cumplidor. Levantarse temprano, trabajar duro, y exigir a los políticos que creen las condiciones ideales para la inversión.
Porque aquí viene lo que el gobierno no acaba de entender: el gobierno es el socio universal de todos los empresarios mexicanos. No su enemigo. No su víctima. Su socio.
EL SAT Y LA MUERTE POR MIL AUDITORÍAS
El SAT acaba de lanzar miles de auditorías para exprimirle hasta el último peso al empresario. Pero no se dan cuenta de algo fundamental: con las reformas al poder judicial, la extinción de los institutos autónomos de telecomunicaciones y transparencia, la opacidad creciente y toda esta estructura modificada, están generando desconfianza.
Y el capital, queridos lectores, es como un gato asustado. Cuando huele peligro, se va.
Imaginen que llevan diez años ahorrando. Tienen un millón de pesos. Quieren poner una tienda, un minisúper, una fábrica de zapatos. Pero con el panorama actual se dicen: “¿Para qué? Me van a querer expropiar, me van a pedir moches en cada trámite, la corrupción es rampante, y encima el SAT va a querer el 50% de todo”. Entonces ese millón de pesos se va a Texas, a España, o termina debajo del colchón.
El gobierno no entiende que no necesita exprimirlos más. Ya los tiene cautivos. Ya cobra en todo. Lo que necesita es MÁS empresarios, MÁS inversión, MÁS capital. Porque entre más empresas haya, más recaudación habrá.
Esto es matemática simple. Lógica de primaria. Si tienes 10 empresas que te pagan impuestos y las exprimes tanto que 5 cierran, ahora solo tienes 5. Si en cambio creas condiciones para que esas 10 se vuelvan 20, tu recaudación se duplica. ¿Alguien puede explicarle esto a Hacienda? Por favor, usen palabras sencillas y dibujos.
LA SATANIZACIÓN DEL EMPRESARIO
El gobierno ha perfeccionado la narrativa de satanizar a los empresarios. Los pintan como villanos de caricatura, explotadores insaciables que se enriquecen a costa del pueblo. Y la gente sin educación económica —porque la educación en México es gratuita pero deficiente— se traga el cuento completo.
Nadie les explica que el empresario es quien crea empleos. Quien arriesga su capital. Quien, si le va bien, le va bien al país. Nadie les dice que sin empresarios solo tendríamos monopolios gubernamentales como Pemex, donde la ineficiencia y la corrupción son la norma.
Imaginen que solo existiera una fábrica de cualquier cosa. Sin competencia. ¿Qué pasaría? El monopolio determina precios, la calidad es irrelevante porque no hay alternativas, y el único perjudicado es el consumidor final.
La competencia es sana. La competencia obliga a las empresas a mejorar, a innovar, a ofrecer mejores precios. Pero el gobierno actual parece creer que todos los empresarios son enemigos del pueblo. Y con esa mentalidad, están destruyendo las condiciones que generan prosperidad.
DARK PATTERNS GUBERNAMENTALES
El gobierno usa patrones oscuros —esos dark patterns que les conté en mi columna anterior— pero a escala nacional. Generan la ilusión de un estado que avanza, que ayuda a las masas, que pone “primero a los pobres”. Es una narrativa tan bien construida que hasta los que sufren sus consecuencias la defienden.
Nos están guiando hacia el precipicio mientras nos dicen que vamos hacia el paraíso. Y hemos desmantelado todos los sistemas de contrapesos que podrían corregirnos el rumbo. El poder judicial, independiente. Los institutos autónomos, desaparecidos. Los mecanismos de transparencia, neutralizados.
Estamos construyendo un estado autoritario donde ya no hay quién le diga al gobierno “estás equivocado”. Y cuando eliminás los mecanismos de corrección, los errores se vuelven catastróficos.
LA PREGUNTA INCÓMODA
¿El gobierno no entiende lo que está haciendo? ¿O sí entiende perfectamente y tiene un plan muy claro para consolidar poder a costa de la prosperidad nacional?
Honestamente, no sé qué es peor. Un gobierno incompetente que destruye el país por ignorancia, o un gobierno competente que lo destruye intencionalmente.
REFLEXIÓN FINAL: DESPERTANDO DEL GASLIGHTING
Queridos lectores, si sienten que algo no cuadra, confíen en su instinto. Si ven que las cosas están peor pero les dicen que están mejor, no están locos. Si notan que su dinero alcanza para menos pero les hablan de crecimiento, no están imaginando cosas.
El gaslighting funciona cuando la víctima empieza a dudar de su propia percepción. No duden. Los números pueden manipularse, las narrativas pueden construirse, pero la realidad en su carrito del súper, en su recibo de luz, en su seguridad diaria, esa no miente.
México necesita empresarios. Necesita inversión. Necesita crear riqueza, no solo redistribuir pobreza. Necesita instituciones fuertes e independientes que corrijan los errores del poder. Necesita una batalla cultural donde entendamos que la honestidad, el trabajo duro y el respeto a las instituciones no son debilidades sino fortalezas.
Pero sobre todo, necesita ciudadanos que no se traguen el cuento. Que vean las luces parpadeando y no dejen que nadie les diga que lo están imaginando.
Desde algún lugar donde todavía se puede escribir esto sin que te auditen al día siguiente.
PD: Si después de leer esto piensan que exagero, pregúntense: ¿cuánto costaba llenar su despensa hace seis años y cuánto cuesta ahora? Esos son datos que ningún discurso gubernamental puede manipular.
PD2: Antonio Gramsci tenía razón sobre la batalla cultural. Lástima que en México la estamos perdiendo mientras nos convencen de que la estamos ganando.
PD3: La próxima vez que un funcionario les hable de “datos duros” que contradicen lo que ven en su vida diaria, recuerden la película “Gaslight”. Y no dejen que les apaguen las luces de la razón.





